Cómo la inteligencia artificial está transformando la producción audiovisual en marketing, con Demian Sabini y Xes Vilà

La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una herramienta cotidiana dentro del marketing. Sin embargo, cuando hablamos de producción audiovisual todavía existe mucha confusión sobre qué significa realmente trabajar con IA.

¿Consiste simplemente en escribir un prompt y dejar que una aplicación genere un vídeo?

¿Puede sustituir un rodaje?

¿Es una forma de abaratar costes o de ampliar las posibilidades creativas?

La realidad es bastante más compleja.

En este episodio de Hybrid Leaders hablamos con dos especialistas en producción audiovisual con inteligencia artificial para entender cómo está cambiando el sector, qué errores están cometiendo muchas marcas y por qué el futuro pasa por integrar la IA dentro de un proceso creativo, no por sustituirlo.

La IA reduce costes, pero no elimina la creatividad

Una de las primeras preguntas que surge cuando hablamos de inteligencia artificial es si realmente abarata una producción.

La respuesta es sí. La IA permite reducir tiempos de ejecución, minimizar desplazamientos y simplificar procesos que tradicionalmente requerían grandes equipos técnicos.

En algunos casos incluso hace posible producir piezas audiovisuales que hace apenas unos años resultaban inasumibles por presupuesto.

Sin embargo, reducir costes no significa reducir el trabajo creativo.

De hecho, ocurre exactamente lo contrario.

Cuanto más potente es la herramienta, mayor importancia adquiere la dirección creativa que existe detrás. La inteligencia artificial necesita una visión clara. Sin ella, únicamente genera contenido. Con ella, puede convertirse en una herramienta capaz de materializar ideas que antes eran imposibles.

Por eso el verdadero valor ya no está únicamente en dominar una tecnología.

Está en saber qué historia queremos contar.

La IA no sustituye al equipo creativo

Existe una idea bastante extendida según la cual bastará con una persona escribiendo prompts para sustituir todo un equipo de producción. La realidad todavía está muy lejos de ese escenario. La producción audiovisual continúa siendo un trabajo profundamente colaborativo.

Guionistas, directores de arte, realizadores, especialistas en fotografía, postproducción o sonido siguen aportando conocimientos que ninguna herramienta puede reemplazar por sí sola.

La IA acelera procesos. No sustituye el criterio profesional.

Por eso quienes proceden del mundo audiovisual parten con una ventaja importante. Conocen cómo funciona una cámara. Saben iluminar una escena. Entienden el lenguaje cinematográfico. Y esa experiencia sigue siendo imprescindible para obtener resultados profesionales.

El mejor consejo para cualquier creativo

Ante esta transformación tecnológica muchas personas sienten incertidumbre. Especialmente quienes llevan años trabajando en dirección de arte, realización o producción audiovisual. Sin embargo, la recomendación es clara. La inteligencia artificial no debe entenderse como una amenaza. Debe incorporarse como una herramienta más dentro del proceso creativo.

Del mismo modo que en su momento llegaron la fotografía digital, el CGI o la edición no lineal, la IA representa una nueva etapa en la evolución de la industria. Negarse a conocerla supone quedarse fuera de una transformación que ya está ocurriendo.

La clave no consiste en dejar de crear. Consiste en aprender a crear utilizando nuevas herramientas.

¿Qué marcas están marcando el camino?

Cada vez son más las compañías que experimentan con inteligencia artificial dentro de sus campañas. Marcas como Porsche o Skoda ya han comenzado a explorar nuevas formas de producción utilizando estas tecnologías.

Sin embargo, el verdadero éxito no depende de utilizar IA. Depende de cómo se utiliza.

Las campañas que mejor funcionan tienen algo en común. La tecnología pasa completamente desapercibida. El espectador deja de preguntarse si aquello está generado con inteligencia artificial porque queda atrapado por la historia. Ese debería ser siempre el objetivo. Cuando una pieza consigue emocionar, entretener o sorprender, la herramienta utilizada deja de ser relevante. La atención se centra en el contenido. Y ahí es donde realmente aparece el valor creativo.

La tecnología nunca debería convertirse en la protagonista

Durante los primeros años de cualquier innovación es habitual que la propia tecnología acapare toda la atención. Ocurrió con el CGI. Ocurrió con el 3D. Y ahora está ocurriendo con la inteligencia artificial. Sin embargo, esa fase termina pasando. El público deja de fijarse en la herramienta y empieza a valorar únicamente el resultado. Ese cambio ya comienza a percibirse.

Las mejores producciones realizadas con IA no son aquellas donde resulta evidente que se ha utilizado inteligencia artificial. Son precisamente aquellas en las que el espectador deja de pensar en la tecnología y simplemente disfruta de la historia.

Y probablemente ese sea el mejor indicador de que una producción ha cumplido su objetivo.

El futuro será híbrido: la IA no sustituirá a la producción audiovisual

Una de las preguntas más habituales cuando hablamos de inteligencia artificial es cómo será la producción audiovisual dentro de cinco años. La respuesta, sorprendentemente, no apunta hacia un futuro completamente automatizado. Todo indica que la producción será cada vez más híbrida. La inteligencia artificial asumirá muchas tareas, pero el rodaje tradicional seguirá teniendo un papel importante.

No porque la tecnología no sea capaz de sustituirlo, sino porque existen factores creativos, metodológicos e incluso emocionales que continúan aportando valor.

La historia del sector demuestra que cada revolución tecnológica ha seguido un patrón parecido.

Lo que ocurrió con el CGI puede volver a repetirse

Cuando aparecieron los primeros efectos visuales hiperrealistas, muchas marcas comenzaron a producir anuncios completamente generados por ordenador. La industria del automóvil fue uno de los mejores ejemplos.

Durante un tiempo parecía que los rodajes tradicionales iban a desaparecer.

Sin embargo, ocurrió justo lo contrario. Con el paso de los años, muchas campañas volvieron a rodarse físicamente. No porque el CGI fuera peor. Simplemente porque determinadas imágenes transmitían una autenticidad difícil de reproducir digitalmente.

La tecnología seguía estando disponible. Incluso era más rápida y, en muchos casos, más económica. Pero el lenguaje visual evolucionó hacia otra dirección. Es muy probable que algo parecido ocurra con la inteligencia artificial. Habrá proyectos completamente generados mediante IA y otros donde el rodaje físico volverá a cobrar protagonismo.

No porque sea imprescindible. Sino porque será una decisión creativa.

La tecnología cambia. Las personas siguen buscando emociones

Existe otro factor que pocas veces se tiene en cuenta. Las personas no consumimos únicamente resultados. También valoramos los procesos. En un rodaje participan decenas de profesionales. Directores, operadores de cámara, técnicos de iluminación, maquillaje, vestuario, producción y postproducción trabajan conjuntamente para construir una pieza.

La inteligencia artificial puede simplificar parte de ese trabajo. Pero difícilmente sustituirá la experiencia humana que existe detrás de una producción.

Del mismo modo que hoy seguimos comprando discos de vinilo pese a disponer de plataformas de música con millones de canciones, también es posible que determinadas producciones recuperen precisamente aquello que las hace más humanas.

La imperfección.

El error.

La textura.

La espontaneidad.

Todo aquello que durante años intentamos eliminar puede convertirse, precisamente, en el elemento que más valore el espectador.

La imperfección volverá a tener valor

Vivimos rodeados de imágenes cada vez más perfectas.

Vídeos impecables.

Fotografías sin errores.

Escenarios imposibles.

Personajes generados por inteligencia artificial que parecen completamente reales.

Sin embargo, cuanto más perfecta sea la tecnología, más valor adquirirá aquello que parezca auténtico. Es un fenómeno que ya hemos vivido en otros sectores. La fotografía analógica. Los discos de vinilo. Las cámaras instantáneas. Todos ellos regresaron precisamente cuando la tecnología permitió alcanzar una perfección absoluta. En el audiovisual puede ocurrir algo similar. La naturalidad volverá a convertirse en un atributo diferencial.

Porque cuando todo pueda generarse digitalmente, aquello que conserve cierta imperfección transmitirá una sensación mayor de autenticidad.

¿Qué significa realmente producir con inteligencia artificial?

Una de las mayores confusiones consiste en pensar que producir con IA equivale a escribir un prompt y generar un vídeo.

La realidad profesional es mucho más compleja. La inteligencia artificial puede intervenir prácticamente en cualquier fase del proceso creativo.

Puede generar fondos para un rodaje virtual. Puede transformar escenarios. Modificar personajes. Crear planos completos.Sustituir elementos durante la postproducción. O combinar imágenes reales con contenido generado digitalmente. No existe una única forma de producir con IA. Cada proyecto requiere una solución distinta.

En algunos casos la inteligencia artificial servirá únicamente para acelerar determinadas tareas. En otros permitirá crear escenas completamente imposibles de rodar.

Y en muchos proyectos convivirá con herramientas tradicionales dentro de un mismo flujo de trabajo. Por eso resulta mucho más acertado hablar de producción híbrida. No se trata de elegir entre rodar o generar. Se trata de decidir qué combinación ofrece el mejor resultado creativo para cada proyecto.

La tecnología nunca debería decidir por sí sola

Antes de incorporar cualquier herramienta conviene responder a tres preguntas muy sencillas.

¿Qué quiere comunicar la marca?

¿Cuánto tiempo hay disponible?

¿Con qué presupuesto cuenta el proyecto?

Solo después tiene sentido decidir qué papel desempeñará la inteligencia artificial dentro de la producción.

Ese enfoque permite entender la IA como una herramienta estratégica y no como un fin en sí mismo.

Porque el objetivo nunca debería ser utilizar inteligencia artificial.

El objetivo sigue siendo exactamente el mismo que antes.

Crear piezas audiovisuales capaces de contar mejores historias.

La diferencia entre una producción profesional y generar un vídeo con una aplicación

Uno de los grandes malentendidos alrededor de la inteligencia artificial es pensar que todas las producciones funcionan igual.

Hoy cualquiera puede abrir una aplicación, escribir un prompt y obtener un vídeo en pocos minutos.

Eso ha democratizado el acceso a la creación audiovisual. Pero democratizar una herramienta no significa profesionalizar el resultado. La diferencia entre una producción profesional y un vídeo generado con una aplicación no está en la tecnología. Está en el control.

La creatividad necesita control

Uno de los mayores retos de la IA generativa sigue siendo la consistencia.

En ocasiones la herramienta produce resultados sorprendentes que incluso superan la idea inicial.

Pero cuando una marca necesita mantener la identidad visual de un producto, respetar un manual corporativo o reproducir exactamente una escena, ese comportamiento deja de ser una ventaja.

Se convierte en un problema. Las marcas necesitan precisión. Necesitan que un producto conserve exactamente la misma forma. Que un personaje mantenga su identidad durante toda una campaña. Que los colores corporativos sean siempre los mismos. Y que el resultado responda exactamente al briefing. Ese nivel de control todavía requiere intervención humana. Por eso la inteligencia artificial no sustituye el trabajo de dirección creativa. Lo amplifica.

La producción profesional sigue necesitando herramientas profesionales

Algo parecido ocurrió cuando aparecieron las primeras herramientas de diseño 3D.

Existían aplicaciones muy sencillas que permitían generar personajes o escenarios con apenas unos clics.

Pero el trabajo profesional seguía realizándose con software especializado.

Hoy sucede exactamente lo mismo.

Las aplicaciones de IA accesibles para cualquier usuario son extraordinarias para experimentar, generar ideas o producir contenido rápido.

Sin embargo, cuando una marca necesita una campaña internacional o un anuncio para televisión, el nivel de exigencia cambia completamente.

Ya no basta con obtener un resultado atractivo.

Hay que garantizar consistencia, calidad técnica y control absoluto sobre cada elemento de la producción.

Por eso las herramientas profesionales continúan ocupando un papel fundamental.

Trabajar en local ya no es una cuestión técnica.
Es una cuestión de seguridad

Otro aspecto que pocas veces aparece en el debate es la privacidad.

Muchas plataformas de inteligencia artificial funcionan completamente en la nube.

El usuario sube imágenes, vídeos o documentos, los procesa en servidores externos y recibe un resultado. Ese modelo resulta muy cómodo. Pero plantea preguntas importantes cuando hablamos de proyectos profesionales.

¿Qué ocurre con los archivos que se suben?

¿Dónde se almacenan?

¿Quién puede utilizarlos para entrenar modelos?

¿Durante cuánto tiempo permanecen disponibles?

Cuando una productora trabaja para una gran marca, la confidencialidad forma parte del propio proyecto. En muchas ocasiones existen acuerdos de confidencialidad, campañas que todavía no se han presentado públicamente o materiales cuyo acceso está completamente restringido. En ese contexto, subir todo el contenido a múltiples plataformas online deja de ser una decisión menor.

Por eso cada vez más equipos especializados apuestan por ejecutar gran parte del trabajo en local.

No solo por cuestiones de rendimiento. También por seguridad.

Una producción híbrida combina lo mejor de ambos mundos

Trabajar en local no significa renunciar a la inteligencia artificial.

Significa integrarla dentro de un flujo de trabajo profesional.

Una imagen puede generarse mediante IA y terminar retocándose en Photoshop.

Un plano puede completarse posteriormente en Nuke o Fusion.

Una secuencia puede combinar herramientas tradicionales con modelos generativos para conseguir un resultado mucho más preciso.

Ese enfoque híbrido permite aprovechar la velocidad de la inteligencia artificial sin renunciar al nivel de calidad que exige una producción profesional.

La IA deja de ser el centro del proceso.

Pasa a convertirse en una herramienta más dentro de un ecosistema creativo mucho más amplio.

Y probablemente ese sea el camino que seguirá la industria durante los próximos años.

No sustituir un método por otro.

Sino combinar ambos para obtener mejores resultados.

El verdadero valor sigue estando en las personas

La tecnología puede acelerar procesos. Puede automatizar tareas repetitivas. Puede generar propuestas creativas en cuestión de segundos. Pero continúa siendo el equipo humano quien toma las decisiones importantes.

Qué historia contar.

Qué estética utilizar.

Qué emociones despertar.

Qué mensaje transmitir.

La inteligencia artificial puede producir imágenes. Pero el criterio creativo sigue perteneciendo a las personas. Y precisamente ahí es donde una producción profesional continúa marcando la diferencia.

El mayor reto no es la IA. Es cómo la utilizan las marcas

A medida que la inteligencia artificial se incorpora a la publicidad, también aparecen nuevas dudas entre las marcas.

Una de las más frecuentes tiene que ver con la percepción del público.

¿Rechazan los consumidores los anuncios creados con IA?

La respuesta no es tan sencilla. Lo que suele generar rechazo no es la inteligencia artificial en sí, sino un mal uso de la tecnología.

Cuando una pieza parece artificial, cuando los personajes carecen de expresividad o cuando el espectador percibe claramente que se ha priorizado el ahorro de costes frente a la calidad, la reacción suele ser negativa.

La tecnología deja de ser invisible y pasa a convertirse en la protagonista. Y eso casi nunca beneficia a la historia.

El caso McDonald's: cuando la IA se nota demasiado

Uno de los ejemplos más comentados en los últimos meses ha sido una campaña navideña de McDonald's realizada con inteligencia artificial.

Más allá del debate sobre la creatividad, la conversación se centró en un aspecto muy concreto: el público identificó inmediatamente que las imágenes estaban generadas por IA.

Ese fue el verdadero problema.

No porque utilizar inteligencia artificial sea incorrecto.

Sino porque la herramienta eclipsó el mensaje.

Cuando el espectador dedica más tiempo a preguntarse cómo se ha hecho una pieza que a prestar atención a la historia, probablemente la creatividad ha pasado a un segundo plano.

Y ese riesgo seguirá existiendo mientras la tecnología continúe siendo una novedad.

La IA cambiará profesiones, pero también creará otras nuevas

Otra preocupación habitual gira en torno al empleo.

Es evidente que la inteligencia artificial transformará muchos procesos de producción.

Algunas tareas desaparecerán. Otras se simplificarán. Y surgirán nuevos perfiles profesionales que hace apenas dos años ni siquiera existían. La historia de la tecnología demuestra que todas las grandes transformaciones han seguido ese patrón. Cada innovación elimina determinadas funciones, pero también genera nuevas especializaciones.

La diferencia es que esta transición está ocurriendo a una velocidad mucho mayor.

Por eso la formación se ha convertido en un elemento clave.

No importa la experiencia acumulada.

Ni la edad.

Ni los años dentro del sector.

Todos los profesionales están aprendiendo prácticamente al mismo tiempo.

Y quienes mejor se adapten serán quienes entiendan que la IA no sustituye el conocimiento.

Lo potencia.

La experiencia audiovisual sigue marcando la diferencia

Existe una diferencia enorme entre utilizar inteligencia artificial de forma ocasional y convertirla en una herramienta integrada dentro de un proceso profesional.

Muchas marcas han caído en la tentación de pensar que cualquier persona capaz de generar imágenes atractivas en redes sociales puede asumir una campaña publicitaria.

Sin embargo, producir contenido para una marca exige mucho más.

Implica conocer iluminación, narrativa visual, composición, continuidad, dirección artística, planificación de rodaje y postproducción.

Ese conocimiento no desaparece con la llegada de la IA.

Al contrario.

Resulta todavía más valioso porque permite controlar aquello que la tecnología genera.

La inteligencia artificial acelera la ejecución.

Pero el criterio sigue perteneciendo al equipo creativo.

La IA multiplica las posibilidades creativas

Uno de los mayores beneficios de esta tecnología no consiste únicamente en reducir costes.

Su mayor aportación es ampliar el alcance de la creatividad. Hoy una marca puede plantearse escenarios que hace pocos años resultaban completamente inviables.

Con un presupuesto que antes permitía rodar únicamente en una ciudad, ahora es posible recrear distintos países, escenarios o localizaciones sin necesidad de desplazamientos.

Eso no significa producir más barato.

Significa producir más ambicioso.

La inteligencia artificial permite dedicar recursos a ideas que antes quedaban descartadas por cuestiones económicas. Y ese cambio puede democratizar proyectos que antes solo estaban al alcance de grandes producciones.

El objetivo nunca debería ser hacer contenido más barato

Existe un riesgo que conviene evitar. Pensar que la inteligencia artificial sirve únicamente para reducir presupuestos. Ese enfoque suele conducir a contenidos poco cuidados y con escaso valor creativo. La verdadera oportunidad consiste en utilizar esos mismos recursos para elevar el nivel de producción.

No se trata de gastar menos.

Se trata de hacer más con el mismo presupuesto.

Ampliar escenarios.

Mejorar la calidad visual.

Experimentar con nuevas narrativas.

O dedicar más tiempo a la creatividad.

Cuando la IA se utiliza únicamente para abaratar costes, pierde gran parte de su potencial.

Cuando se pone al servicio de una buena idea, se convierte en una herramienta capaz de transformar por completo la producción audiovisual.

Los retos legales de la IA: derechos de imagen, propiedad intelectual y reputación

A medida que la inteligencia artificial gana protagonismo en la producción audiovisual, también aparecen nuevas preguntas sobre los límites legales y éticos de su utilización.

Hoy la tecnología permite generar rostros hiperrealistas, clonar voces, recrear movimientos e incluso construir dobles digitales prácticamente indistinguibles de una persona real.

Pero que algo sea técnicamente posible no significa que pueda utilizarse libremente.

La legislación sobre derechos de imagen sigue siendo exactamente igual de aplicable, aunque las herramientas hayan cambiado.

La IA no elimina los derechos de imagen

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que, si una imagen ha sido generada por inteligencia artificial, deja de estar protegida legalmente.

No es así.

Recrear el rostro de una persona conocida para una campaña comercial continúa requiriendo autorización expresa.

Lo mismo ocurre con la voz, los movimientos o cualquier otro elemento que permita identificar a alguien.

La inteligencia artificial facilita la creación de esas réplicas. Pero la responsabilidad sobre su utilización sigue siendo completamente humana.Por eso cualquier proyecto profesional debe partir siempre de contratos claros y cesiones específicas de derechos.

La tecnología cambia. Las obligaciones legales no.

El futuro pasa por los avatares digitales propios

Precisamente por esa razón cada vez más marcas están empezando a desarrollar sus propios modelos virtuales.

En lugar de depender continuamente de actores o embajadores para cada campaña, algunas compañías crean personajes digitales cuyos derechos pertenecen íntegramente a la propia marca.

Ese enfoque ofrece mucha más flexibilidad.

Una misma imagen puede utilizarse durante años sin necesidad de organizar nuevos rodajes.

Permite mantener una identidad visual consistente y producir campañas con mayor agilidad.

Pero incluso en estos casos sigue siendo imprescindible respetar todos los procesos legales durante la creación inicial del personaje.

Cuando existe una actriz o un modelo real detrás del entrenamiento de ese avatar, la cesión de derechos debe quedar perfectamente regulada.

La IA simplifica la producción. No elimina la necesidad de proteger a las personas.

La originalidad será un valor cada vez más importante

Otro de los grandes cambios que introduce la inteligencia artificial es la posibilidad de generar personajes completamente originales. Modelos, actores o presentadores que nunca han existido y cuya identidad nace directamente del proceso creativo.

Esto abre nuevas posibilidades para las marcas. Ya no es imprescindible buscar continuamente perfiles conocidos.

También pueden construirse embajadores digitales propios, diseñados específicamente para representar los valores de una empresa.

De esta forma se reducen muchos de los conflictos relacionados con derechos de imagen y se obtiene un mayor control sobre el uso futuro del personaje.

La creatividad deja de depender únicamente del casting.

También pasa por el diseño de nuevas identidades digitales.

El mejor consejo para una marca que quiere empezar

La inteligencia artificial ya forma parte del presente del marketing.

La cuestión ya no es si utilizarla o no.

La verdadera pregunta es cómo hacerlo correctamente.

Y la respuesta pasa por rodearse de profesionales que conozcan tanto la tecnología como el lenguaje audiovisual.

Trabajar con IA no consiste únicamente en escribir buenos prompts.

Requiere comprender narrativa, iluminación, dirección de fotografía, composición, montaje y postproducción.

Porque la tecnología puede generar imágenes.

Pero sigue siendo el criterio humano quien decide cuáles funcionan realmente para una marca.

La IA es una herramienta extraordinaria.

Pero, igual que ocurre con cualquier otra herramienta profesional, el resultado dependerá siempre de quién la utilice.

Tres ideas para recordar

Después de toda la conversación, hay tres conclusiones especialmente relevantes.

La primera es que producir con inteligencia artificial no significa hacer vídeos con un prompt.

Existen múltiples formas de integrar la IA dentro de una producción, y la mayoría de los proyectos combinarán herramientas tradicionales con procesos generativos.

La segunda es que la creatividad sigue siendo el verdadero factor diferencial.

Las mejores campañas no son las que más utilizan inteligencia artificial.

Son aquellas en las que la tecnología desaparece y deja todo el protagonismo a la historia.

Y la tercera es que la IA no sustituye el conocimiento profesional. Lo amplifica.

Quienes mejor aprovecharán esta revolución serán los equipos capaces de combinar experiencia audiovisual, dirección creativa y dominio tecnológico.

Porque el futuro de la producción no pertenece únicamente a la inteligencia artificial.

Pertenece a quienes sepan utilizarla con criterio.

Conclusión

La producción audiovisual está viviendo una transformación comparable a la llegada del montaje digital, el CGI o la fotografía digital.

Sin embargo, la tecnología vuelve a demostrar que las herramientas, por sí solas, nunca garantizan un buen resultado.

Lo que realmente marca la diferencia sigue siendo la creatividad, la experiencia y la capacidad para contar historias.

La inteligencia artificial permitirá producir más rápido, explorar ideas antes imposibles y democratizar proyectos de gran calidad. Pero el liderazgo creativo continuará estando en manos de las personas.

Y esa será, probablemente, la mayor ventaja competitiva de las marcas durante los próximos años.

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